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Alejandro Sanz se llevó el corazón de San Diego
23/11/07

Pocas veces salgo enamorada de un concierto.

El miércoles en la noche tenía yo bajas expectativas antes de ir a ver el concierto de Alejandro Sanz en la Cox Arena de San Diego. Era un concierto pospuesto y la noche anterior al Día de acción de Gracias, pero vencí la pereza y fui a escucharlo.

Y me alegro mucho de haberlo hecho pues la experiencia me dio un fresco punto de vista de dónde se encuentra este artista en el gusto del público.

Lo que vi fue un concierto perfectamente armado, con una producción que integra bien el concepto del disco que precede a esta gira y la presentación visual, la secuencia de canciones y el desempeño del concierto que comparte el nombre del álbum: El tren de los momentos.

Este concierto originalmente iba a darse en junio y se pospuso porque el cantante español que está a punto de cumplir 39 años y reside en Miami, cayó enfermo y estuvo en descanso por dos meses antes de volver a retomar la gira.

En una entrevista con Enlace, dijo que venía recargado de energía y eso fue patente en su concierto.

El miércoles se presentó un espectáculo equilibrado en todos los sentidos:

En la alternancia de las melodías, movidas y tranquilas, en el adecuado uso del equipo audiovisual que no le roba la escena al cantante en vivo más de lo debido, en que no se llena el escenario de luces y videos que saturan la escena, simplemente lo complementan y se vuelven una ventana al tren que va pasando de un momento a otro. Y equilibrado en la manera en que el artista condujo sus canciones.

El artista cantó, tocó guitarra eléctrica y se lució en el piano. Y los músicos que le acompañan son todos de primer nivel. Es un internacional grupo de Estados Unidos, incluidas las coristas, Puerto Rico, Cuba, República Dominicana y España que tocan guitarra, bajo, teclados, batería, percusiones, piano, trompeta, saxofón y trombón, lo que les da un sonido de gran banda.

Desde un principio el concierto tomó un ambiente de juego y gozo. Sanz se la pasó sacando provecho de su cara de pícaro y su sonrisa de niño y estuvo coqueteando con su público y éste a su vez le demostró su amor y su admiración.

El amor de la gente salió a relucir en la forma de aplausos, gritos y el coreo de sus canciones, pero no sólo de los éxitos Corazón partió, A la primera persona o Amiga mía. No. La gente coreaba incluso las canciones menos conocidas, las que no suenan en el radio, las que no tienen tonaditas pegajosas sino un discurso interesante y provocativo como La fuerza del corazón o Donde convergemos.

Y para Sanz eso no pasó desapercibido.

El público era en su mayoría femenino, pero cuando las luces se apagaban más de cuatro voces masculinas gritaban “Alejandro”, lo que demuestra que la popularidad de este artista no está limitada por género.

En algunas canciones, Sanz —vestido con tenis, jeans deslavados una camisa blanca con tenues líneas grises azules y desfajada, una corbata gris y una chamarra de piel— cantó como si estuviera dirigiéndose a una sola persona y no a las alrededor de cinco mil que gritaban frente a él.

“Cuantas veces me pidan que venga a San Diego, vendré, 700, 1000... las que sean”. Y bueno, quizá nadie le informó que una buena parte de la fanaticada probablemente venía de Tijuana, pero él estaba parado en San Diego y dispuesto a volver.

Este tipo de espectáculos, con tanta compenetración entre el cantante y su público se da pocas veces.

Y los resultados dejaron mucha satisfacción.

Yo iba sólo a tomar notas y salí a la noche enamorada de un cantante que hace canciones con letras inteligentes, poéticas y reales, que tiene genio musical y una sonrisa encantadora.

En dos horas, las paradas de este tren al que todos nos subimos simplemente fueron precisas.

A cada uno de los momentos este tren llegó a tiempo.

 

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