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Sanz protagonizó un concierto con emoción, ritmo y energía
12/11/07

Alejandro Sanz cantó temas de sus 18 años de carrera. 16 400 personas llegaron al Estadio Olímpico Atahualpa.

‘Que no nos falte la voz”, decía una fanática  cuando sus gritos empezaron a causarle algo de tos y mucho de desafinación,  estragos de horas   expuesta a la lluvia. Pese al malestar no dejó de gritar con igual fuerza desde  el  inicio hasta el fin, casi dos horas después.

Escuchar de fondo el silbato de un tren, las campanas y los rieles causaron algarabía tras despedir al ambateño Israel Brito, quien abrió el show. Adiós paraguas. El tren de los momentos llegaba a Quito e iniciaba su estación con el tema que bautizó a la gira.

Sanz gritaba por ver arriba las palmas del público que  respondía con aplausos. Los   guantes ya no hacían falta y quienes con espíritu de fan a muerte y buen presupuesto llegaron a platinum, coreaban En la planta de tus pies. Igual que el resto del estadio.

Sanz agradeció el esfuerzo de quienes llegaron a  Quito desde Guayaquil, Cuenca y otras ciudades. Prometió calentar la noche: “La receta es fácil: déjense llevar por las canciones, nosotros nos vamos a dejar llevar por ustedes y vamos a hacer un concierto para que la pasen bien... Ese es el viajecito que les proponemos. Si hace frío, se abrazan, bailan, cantan, que este es su concierto. Va por ustedes”.  Era tiempo para recorrer sus  18 años de carrera.

Quisiera ser el aire fue la primera vista atrás. De vuelta a El tren de los momentos, Sanz trajo La peleíta. Un pegajoso hip hop que grabó con Residente, de Calle 13, y que el sábado cantó con un miembro de su banda. Con esa  base rítmica presentó a la banda de primera que lo acompaña, integrada por gente de Barcelona, Valencia, Arkansas, República Dominicana, Cuba, Puerto Rico… “Esa barrera de seguridad (que separa al público del escenario) no es por nosotros, es por ustedes”. Se refería a sus músicos, que según él eran un verdadero peligro para las chicas

Para los fans hubo de todo. Temas como Cuando nadie me ve, La fuerza del corazón, Mi soledad y yo, Corazón partío, Amiga mía, Y si fuera ella, El alma al aire… sonaron, algunos en versión completa, y otros, para descontento de algunos, como popurrí.

Llegado el final, ahora en serio, Sanz dejó un mensaje: “Hace unas semanas todos vimos horrorizados lo que ocurrió en Barcelona con una compatriota suya… Nuestro sentimiento es comparable al suyo y por cada desalmado de estos hay millones de españoles que recibimos a los ecuatorianos con los brazos abiertos, a la gente que va a trabajar honradamente y a buscarse la vida. Acepten nuestra solidaridad, nuestras disculpas y nuestro cariño”.

Con el ritmo de No es lo mismo cerró el show y con la bandera del Ecuador dio un par de pasos flamencos al son de la percusión, quizás en reemplazo de la guitarra flamenca que lo acompañó en otros escenarios y que no sonó en Ecuador. Con toda la banda al lado suyo salió al filo del escenario para hacer una venia y aplaudir al público, como agradecimiento.

La lluvia no impidió  que los fans disfrutaran el concierto

Ni el frío ni la lluvia que cayó sobre Quito pudo detener a los miles de fans de Alejandro Sanz. El sábado, la grama del   Atahualpa se cubrió cual jardín con los más variados colores. Los plásticos y paraguas de los asistentes formaban una especie de alfombra en la cancha del recinto.

Guayaquileños, cuencanos, mantenses… de todas partes del Ecuador llegaron hasta Quito para presenciar el único concierto que el cantante español ofreció en el país. Abrigados como para ir a Alaska, apenas se veían las caras de los foráneos, poco acostumbrados a los días invernales quiteños. Sin embargo, la alegría de sus rostros no se ocultaba. Todos querían llevarse un recuerdo del lugar.

Por ello, los flashes de las cámaras no dejaban de brillar. Contrastaban con las luces del escenario que se preparaba para el espectáculo. Desde la localidad de golden box, los asistentes gritaban “Alejandro”, como para animarlo a salir o como para calentar el ambiente en medio de la lluvia.

El café se convirtió en un demandado manjar. Era lo único caliente que se podía tomar. Uno tras otro iban y venían los compradores, buscando la manera de abrigarse. Otros jugaban con unos inflables, que fueron regalados en la entrada del estadio, para distraerse mientras comenzaba el espectáculo.

Cuando en las cuatro pantallas gigantes colocadas a los costados del escenario se dio la bienvenida a los asistentes al evento, los gritos retumbaron en el estadio. Poco a poco las sombrillas descendieron y la lluvia ya no fue un obstáculo para pasarla bien.

 

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