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Alejandro Sanz ’El tren’ vuelve a ponerse en marcha
15/10/07

Recuperado y tras un receso de dos meses, el músico madrileño reanuda su gira en LA

Hay mucha gente detrás de Alejandro Sanz. Para que sus discos lleguen hasta los oídos de sus seguramente millones de seguidores de éste y del otro lado del Atlántico, una interesante tropa de músicos, asistentes, colaboradores y encargados de prensa debe combinarse con la esperada precisión de un reloj. En España, en Miami, en Los Ángeles, en cada punto del mapa en el que el madrileño hizo, hace, o hará escala.

De hecho, se necesitan varios puentes telefónicos para conectar en esta tarde la llamada que, finalmente, lo pondrá a él del otro lado de la línea.

Cuando eso ocurre, su voz suena alegre. "Estoy muy bien, muy bien de verdad", comienza, gentil. "Aquí en Miami hay un clima estupendo; eso me gusta".

Es bueno escucharlo fuerte, renovado. Justamente, es esa sensación de mayor fortaleza que hoy tiene la que, de alguna manera, da origen a esta charla. No está mal pensar que el "marco oficial" de la entrevista es la reanudación de su tour por Estados Unidos, luego de la abrupta cancelación que, en mayo pasado, se vio obligado a efectuar luego de haber sido diagnosticado con un profundo estado de agotamiento (también conocido como "síndrome del burn-out").

Las fechas de Sanz en Los Ángeles fueron movidas al 16 y 17 de noviembre en el Anfiteatro Gibson, donde retomará su periplo estadounidense.

El dictamen médico le valió a Sanz más de dos meses de retiro de los escenarios y la vida pública, en los que según él mismo ahora cuenta, no sólo se concentró en disfrutar y sacar provecho de un profundo descanso, sino también le quitó a sus días el fast forward y lo llevó a vivir, de ahora en más, disfrutando del presente.

Esa revelación le hizo decidir, por ejemplo, que la mejor forma de hacer el pendiente tramo estadounidense de su gira era olvidándose de la rutina de los aviones y los aeropuertos, y dándole la bienvenida a un más lento pero romántico viaje por las carreteras. "Yo soy muy nómada. A mí me gusta esto de viajar, me apetece ver la ruta, trasladarme de un sitio a otro. Por eso, al momento de decidir que continuaba con la gira, opté por armarla en bus", cuenta. "Me seduce la idea de convivir con los músicos, de ir parando en diferentes lugares. Creo que le aporta algo que el viajar en avión no tiene. Es como si conocieras mejor el país. En avión no ves nada, pero en el bus vas viendo cómo cambian los paisajes en el trayecto, interactúas con la gente con la que te encuentras en cada ciudad... No lo sé, simplemente lo siento más disfrutable".

La aventura de la gira en ómnibus, con su lado quijotesco incluido, no sólo es consecuente con su renovada salud, sino también con el título de su último disco, El tren de los momentos.

"Hay cierta complicidad entre la gente que viaja en tren, o en carretera. Creo que, quienes hacen eso, aprecian la vida de otra manera... Es como el sibaritismo del viajero. Todo eso me fascina, me provoca. Quizás para algunos esto suene a cierto conservadurismo, pero a mí me gusta la idea de no rendirme al avión, a las prisas, al llegar a los sitios lo más rápido posible aunque para ello tengas que sacrificar la esencia misma del viaje".

Son unas 50 personas las que, en diferentes micros, acompañarán la "travesía Sanz". De todos ellos, sólo los integrantes de su banda compartirán rutina sobre ruedas directamente con el madrileño, en el mismo vehículo. "La única exigencia que les pongo a los que tocan conmigo es que, como condición sine qua non, amen la música tanto como yo la amo. Necesito que disfruten de tocar cada canción como si fuera la última".

Precisamente. Esa sensación de "como si fuera la última" es la que trasluce en el español una nueva revalorización del ahora, adquirida post stress. Sin aprensiones, habla de su pasado avatar psicofísico: "Para mí el estrés era una cosa de ejecutivos, de brokers, de gente que vive en Manhattan, ¡pero nunca pensé que me iba a tocar a mí!", expone. "Sin embargo, la realidad es que todos, en mayor o menor medida, nos llevamos los problemas del trabajo encima. Todas las prisas, las corridas, vienen con nosotros a casa. Nos acostamos con ellas cada noche, dormimos juntos, hasta que se convierten en parte nuestra. Eso, al final, te pasa alguna factura en el físico".

La receta que Sanz siguió, haciendo omiso caso médico, fue la de olvidarse de todo y de todos. "Me fui dos meses a un sitio totalmente alejado, donde nada pudiera recordarme a mi trabajo ni a las cosas agobiantes. Hice una serie de terapias, con ejercicios en los que te enseñan a manejar tus miedos, tus ansiedades, tus broncas y todo lo que te haya provocado ese estrés".

"Lo que aprendí en esos dos meses", sigue, "fue tan importante como volver a caminar. Aprendí a apreciar las cosas, a no tener esa prisa, esa cosa ligera de querer tener todo en la vida, y finalmente te preocupas por tener un televisor cada vez más grande en lugar de asomarte a la ventana y mirar el paisaje que está enfrente".

El 1 de noviembre próximo, la gira de El tren de los momentos tenía previsto desembarcar en el Poliedro de Caracas, Venezuela, para concretar un show que agotó en apenas horas todas las localidades cuando éstas fueron puestas a la venta, hace varios meses.

La misma tarde en que La Opinión realizó la entrevista con Alejandro Sanz, en ese país se daba a conocer la decisión oficial de cancelar el concierto del madrileño. En principio, las razones aludían a una superposición de dicho evento con un acto oficial a realizarse en el mismo estadio. No obstante, el trasfondo evoca sin muchos disimulos al descontento del gobierno de Hugo Chávez con ciertas declaraciones que el músico efectuó en su última visita a ese país, en 2004, cuando expresó que el presidente venezolano "no me gusta; como tampoco los de otros sitios".

Se le nota preocupado apenas mencionar el tema. "Sí, sí", afirma en seguida. "Estamos siguiendo las alternativas de esto minuto a minuto, apenas nos enteramos de que había algún conflicto y cabía la posibilidad de cancelar el show", dice. "A mí me apena porque se han vendido en tiempo récord todas las entradas para ese concierto. Lo que nos han dicho hasta ahora es que, al parecer, han decidido hacer ese mismo día un evento gubernamental en el mismo sitio. Yo no sé si es coincidencia o no", se sonríe con cierto pesar, "pero bueno, parece que si eso ocurre, no podremos tocar allí".

Después de estas palabras, el autor de Corazón partío hace un pequeño alto en el discurso y su silencio delata que, en realidad, su cabeza está armando las mejores palabras para transmitir lo que su corazón siente. Entonces, después de un momento, por fin sigue: "En estos dos meses, cuando paré para recuperarme, aprendí algo clave: todo lo que sea música, hacerla, actuar en vivo, componer, tocar con mi banda, todo eso me importa. Ahora, todo lo demás, que también rodea a la música, pues no me interesa en lo más mínimo".

"Durante mi gira por España, tuve la mejor confirmación de que estoy en lo cierto con esto. Yo quería que la gente me escuchara, que viera lo que yo hago, sin que mis cuestiones personales se entrometieran ni afectaran. Y efectivamente, sólo se habló de eso, de los shows, de mis canciones. Eso es lo único que me interesa de ahora en más, y para eso seguiré siendo Alejandro Sanz. Para darme y darle música a quien quiera escucharla".

 

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