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Alejandro da vía ancha
26/09/07

El concierto del madrileño-gaditano ofrece la mejor puesta en escena que nunca antes se haya visto con casi medio millón de vatios entre luces y sonido

SIEMPRE hay expectación por escuchar a Alejandro Sanz en Granada, plaza conquistada desde hace muchos años. Hace casi exactamente tres (22-9-94) que Sanz no se dejaba ver por aquí y, aunque esta vez no reventó el Palacio de Deportes como entonces, el madrileño-gaditano no defrauda nunca a su seguidores. Y a los que no lo son (acompañantes, consortes ), ya que les ofrece la mejor puesta en escena que nunca antes hayan visto, por lo menos hasta septiembre de 2100 cuando regrese (¿para inaugurar la autovía?) de nuevo.

Sorprende de un artista tan correcto que su público deje los alrededores del Palacio ta asquerosos como si hubiese pasado por allí la tropa de los Sex Pistols, pero a la hora del avituallamiento urbano no hay distingos, aunque eso sí, la basura era casi toda de agua o bebida de marca y no del socorrido Sandevid, el clásico todoterreno. Dentro, bastante gris a la vista revelaba que la edad no perdona y que no todos los que tuvieron 15 años hace 15 pueden salir un martes por la noche. Pero eso sí, la entrega fue incondicional desde el primer momento.

El escenario encendido parecía un decorado para un película de ciencia ficción tipo 'Alien-8', siete cuadernas cargadas de luces apagadas recordaban el costillar fósil de algún animal prehistórico. Pero en el momento que se hizo la oscuridad el robotizado monstruo empezó a moverse en todas direcciones consiguiendo unos efectos de iluminación asombrosos, sin miseria, a la americana. Y en coordinación con seis pantallas para proyección y otras dos con realización directa, se puede decir perfectamente que no ha habido en Granada ningún montaje semejante hasta la fecha.

Chupa de cuero

El cantante madrileño comenzó su viaje con la canción que da nombre al disco y la gira, seguida de otros temas de su último trabajo, como 'En la planta de tus pies', 'Enséñame tus manos' o 'La peleíta'. Estribillos coreados con segundas voces siempre el agudo por el abundante, casi todo, público femenino del lugar.

Nada de mono de ferroviario, que vestido con una 'chupa' de 'motero' negra y vaqueros gastados, la imagen de rebelde la completa con una guitarra eléctrica que no se quitó en casi todo el concierto y que, además, usó en algunos temas para arrancarle punteos ciertamente aguerridos.

El Sanz del 2007 se mueve entre el partidor de corazones y el suburbial rapero, con aires de latin jazz, pulsación funk y el arte del flamenquito ligero. Un revoltillo que, aunque el tiempo ha ido erosionando en su mordiente (y él ha contribuido con enrevesadísimas canciones que más que letras tiene libreto), sigue conservando el magnetismo para buena parte de su público, ya adulto y con el corazón roto algunos con edad de que fuese incluso en el juzgado.

Para estos (mejor estas) incondicionales los momentos más emotivos respondieron a piezas que, como 'Amiga mía', 'El alma al aire', 'Mi soledad y yo' o 'La fuerza del corazón', sonaron seguidas en una suerte de medley melodramática digna de una ópera pop sentimental.

Trece músicos

Su 'Tren de los momentos' es casi el único que ya pasa por Granada y se le aplaude vagón a vagón, canción a canción, con un pelotón de trece músicos (entre ellos el gran Javier Vercher y Luis Dulzaides) y casi medio millón de vatios entre bombillas y sonido, un equipo para campos de fútbol en vez de canchas de baloncesto, pero estos últimos días mejor a cubierto.

Se le ve pequeño en el escenario, lejos de aquellos comienzos altisonantes como Alejandro Magno y es e esa naturalidad la que explota con humildad y pocas palabras: «Nuestra misión es que ustedes lo pasen bien», dijo muy al principio y casi nada más hasta el final: «Nos vamos pero nuestro corazón se queda en Granada».

Las piezas de los últimos trabajos determinaron buena parte del programa del concierto, en el que se pudieron escuchar bien coreados los estribillos de 'La Habana', 'Regálame la silla', 'Cuando nadie me ve' , pertenecientes a sus recientes discos, dejando para el centro justo del concierto el obligatorio 'Corazón partío'.

La última etapa del concierto dio cancha al Sanz más romántico, que esta vez a prescindido de su 'set flamenco' por bulerías y sí, en cambio, despidió el concierto sentado sólo con su piano apenas alumbrado por las pantallas de los móviles. Los bises llegaron sin Shakira con 'Te lo agradezco' y terminaron con un taurino Sanz dando pases a 'No es lo mismo' entre olés y peticiones de vuelta al ruedo.

 

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